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Review de TBBT 3×18: The Pants Alternative

Este último capítulo de TBBT ha sido sorprendente. Sheldon ha estado pletórico y le hemos podido ver bastante borracho, algo que sólo ocurrió una vez antes. Además, los amigos del doctor Cooper formaron una especie de grupo de superhéroes para ayudarle a superar su miedo escénico. Vamos a analizar con más detalle las escenas más interesantes de este divertido capítulo.

Raj, Sheldon y Howard se encuentran en la cafetería, discutiendo sobre asuntos tan profundos como para qué sirve la «cola de caballo» de los na’vis de Avatar o por qué William Shatner no apareció en la última película de Star Treck.  En ese momento llega Leonard con una emocionante noticia que está deseando contar. Por casualidad se ha enterado de quién va a ser el Premio Chancellor de este año, y no va a ser otro que… ¡el mismísimo Sheldon Cooper!

Una cara de sorpresa y felicidad pocas veces vista en el científico.

Shelly siempre había pensado que este premio se lo daban a científicos presumidos y vanidosos mientras que sus estudios habían sido menospreciados. Pero este acontecimiento lo cambia todo, le hace muy feliz y empieza a razonar que el hecho de haber ganado el premio no es asombroso, sino «inevitable». Sheldon no puede esperar y sale corriendo para difundir la buena nueva a través de una auto-entrevista que pretende colgar en Internet.

En la siguiente escena los chicos están viendo en casa una peli en 3D (todos menos Raj, que prefirió gastar su dinero en un helado antes que en comprarse las gafas polarizadas). En ese momento Sheldon recibe una llamada del ministro Morton, el cual le explica que tendrá que dar un discurso en la fiesta donde recibirá el premio. Un gran problema se ha presentado ante el eminente científico. Como bien señaló Howard, Sheldon está dando discursos todo el día, es algo que le encanta. Pero lo que sus amigos no sabían es que le aterra hacerlo ante grandes grupos de personas (concretamente 36 adultos o 70 niños) porque tiene miedo a que la multitud pueda pisotearle hasta la muerte.

Esto sí que es una regresión y lo demás son tonterías.

Penny entra en el piso y al enterarse de la situación intenta reconfortar a Sheldon contándole cómo ella misma había superado un miedo similar en su infancia. No contento con esto, Shelly comienza una perorata en la que explica lo ocurrido cuando se licenció summa cum laude en la universidad a la tierna edad de 14 años. Recordó su discurso ante miles de personas con tal clarividencia que fue como si lo estuviera viviendo de nuevo y por eso acaba sufriendo un desmayo muy repentino.

Desde luego no se puede negar que Penny le pone mucho entusiasmo a lo que hace.

Una vez más, los compañeros de Sheldon demuestran ser unos grandes amigos y deciden ayudarle mediante una especie de terapia de grupo imporvisada. Al doctor Cooper no le gusta la idea al principio. Considera que si él es el más inteligente y no ha logrado dar con la forma de superar su miedo escénico, los demás tampoco conseguirán nada. Como Sheldon es un hueso duro de roer y conocen sus puntos débiles, deciden vendérselo mejor: le plantean que esta terapia puede ser como las aventuras del Doctor Xavier y su escuela de mutantes con habilidades especiales. Sheldon tomaría el papel de Xavier y cada uno de sus amigos sería uno de los alumnos con un talento único que podría enseñarle técnicas para superar su terror a los discursos ante grandes multitudes. Aquí están sus propuestas:

  • Penny llevaría a Sheldon de compras. Defiende la teoría de que un buen traje le daría más confianza en sí mismo y se sentiría mejor.
  • Leonard se ofrece para psicoanalizar la mente del doctor Cooper y encontrar la raíz de los traumas que provocan el miedo irracional de Shelly. Ser el hijo de una prestigiosa psiquiatra debería serviar para algo así, ¿no?
  • Raj está dispuesto a compartir con él sus conocimientos sobre meditación hindú. Milenarias técnicas de relajación serán capaces de templar sus nervios en las situaciones de máximo estrés.
  • Howard se compromete a actuar como un amigo al cual le importan los problemas absurdos e insignificantes de Sheldon… ¡eso sí que es amistad!

Todos bromean con la idea de ser como los X-Men, pero Sheldon afirma que si los X-Men deben su nombre al Dr. Xavier, ellos deberían llamarse los C-Men por estar al servicio del Dr. Cooper. La lógica está bien traída, pero… ¡uff! Qué mal suena…

Es difícil meditar teniendo en cuenta la desmedida imaginación de Sheldon.

El primero en trabajar con Sheldon fue Raj. Música oriental, incienso y velas crean el ambiente óptimo para una relajente sesión de meditación hindú. A Raj le costó bastante conseguir que Sheldon cerrara los ojos (por culpa de su hermana piensa sistemáticamente que después de eso recibirá un golpe), pero la situación fue a peor cuando le indicó que imaginase un lugar en el que quisiera estar. Sheldon recurrió a Sheldonopolis, su ciudad virtual creada con el videojuego Sim City. Shelly se puso muy quisquilloso con los detalles de su fantasía, y no le bastó con especificar en qué parte de la ciudad se va a desarrollar la experiencia sino que al final acaba imaginando la llegada de un de Godzilla, que viene para asolar su urbe. Lo siguiente que escucha es la puerta del piso cerrándose: Raj no tuvo paciencia suficiente para aguantar todo esto.

No, no, no y... wow!

Llega el turno de Penny. Aunque Sheldon no está para nada convencido de que comprar nueva ropa pueda ayudarle en algo, Penny le demuestra que cuando ella se siente estresada se compra un vestido. Y si eso no funciona, se compra también unos zapatos. Ya hemos visto en anteriores ocasiones el peculiar gusto de Shelly a la hora de vestir un traje. Como no podía ser de otra forma, sus primeras elecciones oscilan entre el clásico villano de Batman y el cantante de folk texano hortera. Finalmente acepta la decisión de Penny y acaba vistiendo un elegante traje negro, aunque a él le parece que va como un payaso.

La terapia acaba de forma inesperada con Sheldon psicoanalizando a Leonard.

Leonard es el último que intenta ayudar a Sheldon, pero la situación se le va un poco de las manos. Intenta indagar en el subconsciente de Sheldon para ver si encuentra algún rastro de culpabilidad por recibir un premio que podría no merecer. Evidentemente, eso es como chocarse contra una pared, ya que Sheldon nunca va a pensar algo así, ¡sus estudios científicos siempre merecerán cualquier premio! El problema es que Leonard saca a la luz un ejemplo de su infancia en el que su madre le hizo sentirse mal por pensar que había plagiado un experimento de su hermano. Leonard acaba sollozando y medio traumatizado por este mal recuerdo, lo cual anima a Sheldon por casualidad, ya que le hace pensar que si alguien tan herido emocionalmente como Leonard es capaz de levantarse todos los días, él también podría superar el discurso en una simple entrega de premios.

Si la primera copa no surte efecto, a por la segunda y así sucesivamente.

El momento decisivo llega y todos están presentes en el banquete donde se presentará al ganador del premio Chancellor. Leonard es el encargado de hacer la presentación. Todo va muy bien hasta que llega el momento en el que tiene que leer una carta de la madre de Sheldon, lo cual le hace acordarse de la terapia que tuvo el día anterior con Sheldon y Leonard empieza a explicar sus propios traumas personales con su madre. Mientras tanto, Sheldon parece haber olvidado todo el entrenamiento previo. Está tan nervioso que acaba recurriendo al alcohol. Quizá no bebió demasiado, pero para alguien abstemio como él, un par de copas son demasiado.

No es un bueno momento para Leonard... no puede olvidar lo poco cariñosa que su madre fue con él.

Antimonio, Arsénico, Aluminio, Selenio e Hidrógeno y Oxígeno y Nitrógeno y Renio...

Cuando por fin Leonard consigue darle paso, Sheldon sube al escenario eufórico, notablemente mareado y con una botella en la mano. Olvídense del Dr. Cooper que conocen, porque el que están viendo es su particular Mr. Hyde. Ahora Sheldon se comporta como un humorista incapaz de actuar con formalidad. Sus chistes sobre física no conocen límites, habla con total sinceridad de los profesores de la universidad y hasta empieza a entonar canciones animando a que los demás le sigan.

Esta imagen es impagable en varios sentidos.

A la mañana siguiente, ya en su piso, Sheldon se levanta con una resaca terrible y una pinta desastrosa: aún lleva la camisa y la chaqueta pero no conserva los pantalones. Cuando se lo prengunta a Penny y Leonard, que están desayunando, le indican que vaya a buscarlo en Youtube. Cuando se sienta ante el PC descubre a su otro yo actuando de la forma más inesperada posible. Intentando explicar el acceso a unas dimensiones superiores, Sheldon se quita los pantalones ante el público para demostrar que en la cuarta dimensión no sería necesario tirar los pantalones… o algo así. Por si esto no fuera suficientemente embarazoso, Sheldon dedica a los astrónomos sus últimas frases: prepárense para ver la cara oculta de la luna… ¡y aquí está Urano!

El momento de descubrir la terrible respuesta...

Este capítulo me ha resultado uno de los más divertidos en lo que llevamos de temporada. Ha servido una vez más para poner a Sheldon como protagonista absoluto, pero en general todos han tenido su espacio. Siempre me resulta interesante descubrir nuevas manías de la neurótica mente del Dr. Cooper. Además, el equipo de los C-Men me ha parecido hilarante e imaginativo.

Lo mejor del capítulo:

-Howard hablándole a Sheldon: Bueno, no, están equivocados. Tú das discursos a todas horas. Lo que no puedes hacer es cerrar la boca.

-Sheldon: Los X-Men fueron nombrados por la X de Charles Xavier. Como yo soy Sheldon Cooper, entonces serán mis C-Men.

-Raj: Ahora… Cierra los ojos. -Sheldon: Ok, pero no me pegues.

-Leonard: ¿Cómo sabías que eras un gigante si todo estaba a escala? -Sheldon: Llevaba calzoncillos talla un millón.

-Cualquiera de los chistes de Sheldon. Ba-da cha!!

-La canción de Sheldon sobre la composición del Universo. ¡Es muy pegadiza!

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